martes, 11 de diciembre de 2012

Los restos de la muralla

Antes de entrar de lleno en la reutilización del pedernal, parece obligado pasar una rápida revista a los restos de muralla que han permanecido en su ubicación original.

Al efecto recomiendo encarecidamente a quien quiera profundizar en el tema que consulte las múltiples publicaciones que tratan específicamente del tema, así como otros blogs que continuamente avanzan en la descripción de estos restos, como es el caso, por ejemplo, de: 
http://artedemadrid.wordpress.com/ 
http://www.entredosamores.es/madrid%20medieval/textomedieval.html

En este blog, dedicado exclusivamente al presunto  reciclado del pedernal, me limito a la simple enumeración de la ubicación de esos restos, sin preocuparme de la exactitud de dicha enumeración.

Partiendo del lienzo de muralla árabe que forma el fondo del parque de Muhammad I, en donde se representó durante algunos años teatro cómico clásico durante el verano, que tiene su continuidad en los bajos de la ya citada casa de Bailén 12, y siguiendo el recorrido en sentido inverso al de las agujas del reloj (con perdón de los relojes digitales), existen restos de la muralla en los siguientes lugares:


·Calle Angosta de los Mancebos, 3: zócalo de pedernal en un solar que estaba abandonado y tapiado desde 1975 y en el que se ha construido recientemente un inmueble, respetando, en lo posible, los restos de la muralla, lo que confiere al edificio una curiosa forma, ilógica si no fuera por los restos.
·Calle de Don Pedro, entre los números 2 y 12 hay cerca de veinte metros de longitud. La cara exterior estaba construida con grandes sillares -para impresionar a los enemigos que quisieran asaltarla-, y medía dos metros más de altura que la cara interior, donde el material lo componían pequeños sillarejos de pedernal. Sobre la muralla se repone un recrecido de ladrillo macizo que forma el testero de la casa actual, levantada hacia principios del siglo XVIII.
·Calle del Almendro, 15 y 17: dieciséis metros a la vista.
·Cava Baja, 30 (Antiguo Mesón del Segoviano): lienzo de algo más de veinte metros y 11,5 metros de altura. Lo conservado es aproximadamente la mitad del grosor del lienzo, pues la cara extramuros y un posible torreón fueron desmontados durante el siglo XIX.
·Cava Baja, 24: trozo de muralla.
·Cava Baja, 22 (se comunica con Almendro, 3): cimientos de la muralla y de un torreón.
·Puerta Cerrada, 6: trozo de muralla en los sótanos de un bar. Se conserva toda la muralla hasta la coronación, con el adarve y el parapeto. Se ha observado, así mismo, la puerta de ingreso a la torre desde el adarve.
·Calle de Santiago, 2: edificio moderno con algunos restos.
·Calle de la Escalinata, 21: torreón de unos doce metros de altura.
·Calle de la Escalinata, 11 y 9 (se comunica con Espejo, 14): una torre y un lienzo.
·Calle de la Escalinata, 7: se conserva un cubo en un garaje.
·Plaza de Isabel II, 3: trozo de muralla a la vista en el Foster’s Hollywood.
·Plaza de Oriente (aparcamiento subterráneo): atalaya del siglo IX.





La reutilización del pedernal

Estaba yo tan contento desarrollando mi tesis sobre el pedernal reciclado cuando un amigo, conocedor de mi amor filial hacia Madrid, tuvo a bien regalarme un libro sobre la construcción de la Casa de la Villa (La Casa del Ayuntamiento de Madrid, Pedro Navascués Palacio y Pedro Hurtado Ojalvo).

El libro pasa revista minuciosa a todas y cada una de las fases por la que pasó el edificio desde que fue concebido por Juan Gómez de Mora, en 1643, hasta sus últimas modificaciones, allá por 1857. Parte de esa minuciosidad, es la inclusión de los distintos documentos originales que recogen los avatares del diseño, construcción y distintas ampliaciones y reformas por las que ha ido pasando.

Pues bien, en el “Pliego de condiciones que realiza D. Juan Gómez de Mora, para que los maestros lo utilicen de base para el concurso subasta de las obras” (año 1643), se dice textualmente:  

Mamposterías

Es condición que sean de maçiçar todas estas dichas çanjas de mampostería de piedra de pedernal blanco de la messa de la margen u de las canteras de Coslada con su buena mezcla de cal mezclada, a una espuerta de cal, dos de arena y con espuertas yguales y mezclada y batida la cal por lo menos quatro dias antes que se gaste y los dichos cimientos sean de maçiçar con la dicha piedra que sea crecida y ripios menudos de la misma piedra de pedernal yendo maçiçando y enripiando con porrillos de hierro de manera que bayan bien repissado y maçiço, sin dejar guecos ningunos echando sus tongas de piedra menuda y cal y bien bañado de agua para que quede bien maçiço y frogado.

Esto me condujo, en primer lugar, a conocer que Coslada fue, posiblemente, fundada por los romanos y que su nombre significa, ni más ni menos, que “abundante en pedernal” (cos, pedernal y late, abundante), constituyendo un enclave urbano significativo ya en el siglo VI. El pueblo experimentó un crecimiento normal durante un milenio hasta que en la Guerra de Sucesión sufrió un devastador incendio que provocó la reducción de vecinos a poco más de un centenar, dedicados a tareas agrícolas y a la extracción del pedernal.

En segundo lugar, la lectura me produjo el lógico sobresalto. ¿Cómo era posible que Juan Gómez de Mora se dedicara a comprar el pedernal en Coslada y no a utilizar el obtenido del derribo de la muralla? ¿Es que mi tesis, en cuyo desarrollo había avanzado mucho, carecía de credibilidad?

En una primera reacción visceral, estuve a punto de seguir esa conocida máxima del mundo periodístico: “no dejes que la realidad te estropee un buen artículo”, y dar por no recibido, ni leído, el libro y su contenido. Sencillamente, pasar.

Tras una breve reflexión, siguiendo el rigor que mi propia conciencia me exigía, decidí hacer frente a tan perturbadora información (Además de Coslada, fueron varios los pueblos del sur, como Vicálvaro, los que le proporcionaron el pedernal a Madrid)

Antes que nada debo dejar constancia del destino del pedernal en el Ayuntamiento. El pedernal que encargó comprar Juan Gómez de Mora fue a parar a los cimientos del edificio, por lo que no es visible desde el exterior. El comprado más adelante por Ardemans, hacia 1700, tuvo como destino las fachadas de la ampliación del Ayuntamiento que dan a las calles de Madrid y del Duque de Nájera. Por último, ya en 1915, el arquitecto Bellido incorporó el pedernal en el arco sobre la calle de Madrid, que une el Ayuntamiento con la Casa de Cisneros.
Por cierto que este pedernal parece más blanco que el incorporado a San Nicolás, la Torre de los Lujanes o la Encarnación, ya sea porque las procedencias sean distintas o porque el de estos edificios tenga setecientos años más de agresión ambiental.

Bueno, una vez constatado que este pedernal era de “nueva extracción” ¿qué debía hacer?, ¿tenía que tirar a la basura todo el trabajo hecho?, ¿acaso mi hipótesis había perdido todo su valor? Continué mi reflexión y llegué a una conclusión clara y concluyente: ¡Para nada! Lo del Ayuntamiento es sólo un dato que no desvirtúa los otros muchos que avalan mi propuesta. Pasemos revista a algunos de ellos, que han salido a mi encuentro en la bibliografía consultada, sin que ésta pueda ser considerada ni exhaustiva, ni rigurosa:

P  En 1538 Covarrubias utiliza el material obtenido de los derribos de la Puerta de Guadalajara en las obras de reparación y ampliación del Alcázar (esto, de rebote, avala mi suposición de que el Alcázar habría recibido el pedernal).

P En 1540 el emperador Carlos V da permiso para la utilización de los materiales obtenidos de la muralla.

P  En 1544 Juan Martínez y Tomás Ribera se comprometen a hacer una portada de sillería para la Puerta de Moros, así como una alcantarilla para salvar el arroyo que corría por la actual carrera de San Francisco, todo ello a cambio de poder disponer del material del derribo de la puerta y torres (por cierto, que la calle de Don Pedro se llamó con anterioridad calle de la Alcantarilla).

P  Un siglo después, con ocasión de la construcción de la Capilla de San Isidro, se concedía licencia para demoler la muralla cercana que habría sobrevivido a la anterior agresión, y vender las piedras.

P Pasados otros trescientos años, aún hemos asistido a la ya reseñada disponibilidad gratuita de “cascotes” de la muralla durante la construcción del edificio de Bailén 12.

Me parecen suficientes ejemplos válidos de la reutilización del pedernal, que no hacen más que ratificar lo que es una costumbre inveterada de reutilización de materiales en la construcción (según he sabido, la casa en la que actualmente habito, aprovechó distintos materiales y elementos obtenidos en los derribos efectuados para construir la Gran Vía, razón por la cual existían diferencias sensibles entre las viviendas de las cinco plantas del edificio).

Con todo esto me di por satisfecho y espero que también sea suficiente para el paciente bloguero y me ratifico en mi sencilla y nada pretenciosa tesis, que en última instancia no es otra cosa que el tributo de cariño y reconocimiento a “mi pueblo”.


Con esto doy por concluida esta página principal y dedico las siguientes a los edificios que recibieron y exhiben el perdenal en sus fachadas. Para ordenar esta información, estuve considerando varias hipótesis. Deseché la opción de seguir un itinerario similar al de la muralla, porque la reutilización, aun sin alejarse mucho de ella, está suficientemente esparcida por Madrid, como para hacer liosa tal descripción física. Tampoco me acogí a un criterio cronológico, ya que, como es bien conocido, las obras y las construcciones en Madrid se alargan, se destruyen, se reconstruyen, se les añaden nuevas partes, etcétera, etcétera…, por lo que la datación, que los expertos suelen referir al elemento más antiguo, puede resultar engañosa y engorrosa. Por todo ello, me incliné por algo más sencillo como es la finalidad del edificio, aunque en algunos casos también esa finalidad haya cambiado con el paso de los años.

Y dentro de esta opción, he utilizado las tres categorías más sencillas: Edificios religiosos, es decir, iglesias, monasterios y conventos; Palacios y edificios públicos; y un cajón de sastre de Otros usos, en los que he incluido casas sencillas y otras utilizaciones urbanísticas.

Encuadre cronológico


El encaje cronológico de la evolución de la muralla es una herramienta que se ha mostrado muy eficaz. Debo confesar que hasta que no lo plasmé en un cuadro pasé por alguna que otra dificultad para relacionar hechos y vicisitudes de la muralla con la reutilización del pedernal en la construcción de iglesias y palacios.

De forma sencilla he ido recogiendo, en la primera columna, diversos hechos y anécdotas históricas referentes a Madrid, mientras que en la segunda, he recogido información sobre la construcción y reparación de la muralla (en azul), sobre su desaparición progresiva (en rojo) y sobre la construcción de los edificios que, en mi opinión, se han visto honrados con la recepción del pedernal.

Resulta sencillo observar cómo coinciden en el tiempo algunas de las operaciones de demolición, cuyas fechas se conocen, con la de la construcción de los edificios receptores, en general situados en los aledaños de la antigua muralla.

HECHOS HISTÓRICOS
LA MURALLA: Construcción; Destrucción; Reutilización
MADRID ISLÁMICO

852/856: Muhammad I, Emir de Córdoba, funda Medina Mayrit.
932: Ramiro II saquea la ciudad             y se retira con el botín
995: La villa cuenta en este momento con 7 escuelas de astronomía
1047: El rey de Castilla Fernando I toma de nuevo la ciudad, pero se la devuelve al rey de Toledo a cambio de parias.

MADRID CRISTIANO
1080: Primer intento de Alfonso VI para tomar Madrid
1083: El Cid, informado por una niña, busca en la muralla árabe una imagen oculta de la Virgen.
1085: Alfonso VI conquista Toledo y toma definitivamente Madrid, con los famosos segovianos “gateando”.
El 9 de noviembre, al paso de una procesión rogativa, se derrumba un cubo de la muralla, y aparece la imagen de la Virgen que había buscado el Campeador.
1108: Nace Isidro, y es bautizado en San Andrés
1114: Aben Yusuf vuelve a fracasar en su intento de recuperar Madrid, acampado en el Campo del Moro.
1172: Muere Isidro, el labrador, el pocero.
1188: Madrid participa por primera vez en unas Cortes celebradas en Carrión.
1190: Quedan definidas las fronteras de los Concejos de Madrid y Segovia.
1198: Último asedio de Madrid
1200: Creación del escudo, con la leyenda del agua y del fuego
1202: Alfonso VIII concede los Fueros a Madrid
1212: El 1 de abril se descubre el cuerpo incorrupto de San Isidro. Además, encamina a las milicias madrileñas en las Navas de Tolosa.
1217: San Francisco de Asís funda un monasterio en Madrid.
1218: Santo Domingo de Guzmán funda el monasterio de Santo Domingo el Real.
1219: Rodrigo Rodríguez primer "alcalde" de la Villa.
1267: San Isidro libra al sacristán de San Andrés del acoso del diablo
1309: Se celebran Cortes en Madrid por primera vez.
1354: Construcción de la Torre mudéjar de San Pedro
1383: Juan I concede el Señorío de Madrid a León V de Armenia, que durante su vida fue el Rey León I de Madrid.
1469: Matrimonio de Isabel y Fernando
1474: Muere, en Madrid, Enrique IV. La ciudad de Madrid queda dividida entre partidarios de Juana e Isabel. Después de un cerco por parte de las tropas de Isabel, Madrid queda bajo su poder.
Los Reyes Católicos inician su reinado conjunto
1480: Madrid tiene unos 3.000 vecinos
1492: Comienzo del empedrado y la limpieza de las calles de Madrid.
1494: Los Reyes Católicos dictan normas sobre la ordenación urbanística de Madrid.
1499: Isabel funda el Hospital de La Latina

MADRID “AUSTRIACO”
1516: Es proclamado rey de España el Príncipe Carlos, nieto de los Reyes Católicos.
1521: Se entregan los últimos comuneros de Madrid.
1525: Es capturado el rey francés Francisco I y trasladado a Madrid tras la batalla de Pavía.
1526: Se firma la "Concordia de Madrid", devolviendo la libertad a Francisco I de Francia. Como garantía y para obligar al rey francés a cumplir con lo pactado tiene que dejar dos de sus hijas en Madrid.
1528: Carlos I convoca Cortes en Madrid, para jurar Príncipe de Asturias al futuro Felipe II.
1534: Carlos I concede la corona de su escudo de armas a la ciudad de Madrid.
Edicto por el cual los segundos pisos de las casas debían ser cedidos para los funcionarios de la corte.


1546: Madrid ya tiene 5.000 vecinos



1556: Felipe II comienza su reinado.
Se crea la primera
imprenta de Madrid
1561: En mayo, el rey Felipe II, por razones todavía desconocidas, se traslada con toda su Corte desde Toledo y se instala en Madrid, que se convierte en capital del Reino.
Cervantes llega a
Madrid.
1569: Llega a Madrid la madre Teresa de Jesús.
1570: ¡Madrid alcanza los 25.000 vecinos!



1586-1646: Juan Gómez de Mora


1598: Comienza su reinado Felipe III, primer Rey nacido en Madrid.
1599: Nacimiento de Diego de Velázquez.
Se inicia la construcción de la primera Puerta de Alcalá, que había encargado Felipe III para celebrar el recibimiento de doña Margarita de Austria, su esposa.
1601: Traslado de la corte a Valladolid.
1605: Se edita en Madrid la primera parte del Quijote de Cervantes.
1606: El 4 de marzo Madrid recupera la capitalidad de España.

1616: Se inicia la construcción de la Plaza Mayor.
1619: Primera corrida de toros en la casi acabada Plaza Mayor.
1621: Comienza su reinado Felipe IV.
1632: El conde-duque de Olivares presenta las llaves del Buen Retiro al rey Felipe IV.
1653-56: Texeira “fotografía” Madrid
1665: Comienza su reinado Carlos II.



855: Construcción del Alcázar y de la muralla

940: Abderraman III, refuerza la fortificación

















1090: Construcción de la muralla cristiana


1100: ¿Se reconstruye, Santa María de la Almudena?













1190: Construcción de otros 2.000 metros de muralla






1212: Construcción de la Torre mudéjar de San Nicolás

















1377: Reconstrucción del claustro de Santa María

1385: Juan I repara la muralla
1450: San Nicolás
1460: Santa María del Paso


1476: Isabel I manda derribar partes de la puerta y las murallas
















1494: Casa de los Lujanes

1503: Monasterio de San Jerónimo el Real


1520: Capilla del Obispo


1525: San Pedro el Real














1537: Se reconstruye el Alcázar
1538: Derribo de la Puerta de Guadalajara
1540: Carlos I permite al Concejo la reutilización de los materiales de la Muralla
1542: Capilla de Santa Ana, aneja a Santa María de la Almudena
1548: Derribo de la Puerta de la Sagra
1550: Palacio del Conde de Paredes (Museo de los Orígenes)

1559: Descalzas Reales






1566: Derribo de las Puertas de Moros y de Valnadú

1570: Casa de Antonio Pérez
Se echa abajo, con gran esfuerzo, el Arco de Santa María
1574: Casa de las Siete Chimeneas
1580: Incendio de la segunda puerta de Guadalajara
1582: Se derriban la Puerta Cerrada y la de Guadalajara
1592: Colegio de Santa Isabel



















1611: Monasterio de la Encarnación
1611: Iglesia de El Carmen






1625: Se construye la Cerca de Felipe IV



1642: San Ginés



Cada hecho reseñado he intentado referirlo a un año concreto, lo que no debe tomarse como algo riguroso, sino como una referencia orientativa. Así, por ejemplo, algunos eventos cambian de fecha según los autores consultados, mientras que las construcciones de iglesias y edificios durarían años, sin poder especificar la fecha exacta en la que pudo incorporarse el pedernal a la obra en cuestión.

He interrumpido el encuadre cronológico en el último austria, no por fobia antiborbónica, sino por considerar completada la parte más importante del proceso de reutilización del pedernal. Sin duda, tal como ha ocurrido en el caso de Bailén 12, la reutilización ha seguido evolucionando con los Borbones, con las repúblicas, con las dictaduras y con la democracia, pero no aportaría nada trascendente. Tampoco me parece significativo que algunas de las reutilizaciones aquí sugeridas se puedan haber producido en épocas posteriores a Carlos II.

Madrid y sus otras alternativas

El origen
La controversia sobre el origen de Madrid está abierta, casi desde el establecimiento de la Corte en esta ciudad, ya que los exégetas aduladores de la Corona (pelotas, diríamos hoy) se vieron en la obligación de ennoblecer ese origen para compararlo, de hecho alguno lo hizo, con el de ciudades como Roma.

En general, el debate se circunscribe al ámbito de los especialistas (arqueólogos, historiadores, paleontólogos, antropólogos y otros diversos “ólogos”) aunque de vez en cuando alcanza círculos más amplios, como sucedió en febrero del 2011, a raíz de la publicación en El País del artículo de Charo Nogueira titulado: “La historia de Madrid da un vuelco” [1]

En el artículo se daba cuenta de las conclusiones extraídas por la arqueóloga Esther Andréu, tras varios años de trabajo en las excavaciones realizadas en la zona de la Plaza de La Armería y la Catedral para instalar allí el Museo de las Colecciones Reales, y que pusieron al descubierto, entre otras cosas, lienzos de muralla, casas, calles, cerámicas… y hasta al desventurado Valentín.

Para Andréu, la población de Madrid no debió producirse hasta el siglo XII, ya bajo la dominación cristiana, y se basa en el hecho de no haber encontrado viviendas musulmanas de años anteriores, junto a las instalaciones militares propias de una fortaleza (un hisn) Muchos amantes y estudiosos de Madrid se echaron las manos a la cabeza al sentir que se tambaleaban los dogmas admitidos hasta la fecha, es decir: que Madrid fue fundada por los musulmanes, y muy en concreto por Muhammad I, en el siglo IX.

Y ahí tenemos a los entrañables “madrileñófilos” divididos entre la hipótesis musulmana y la hipótesis cristiana, con el mismo entusiasmo con el que se han enfrentado a lo largo de los años, los partidarios de Joselito a los de Belmonte, los de Conchita Piquer a los de Juanita Reina o los del Madrid a los del Atleti. Yo, que soy partidario de Joselito, Dª Concha y el Madrid, me veo obligado a  “participar” en la polémica desde mi condición de hijo amantísimo de Madrid y libre de las trabas que el rigor exige a los expertos que lideran el debate central.

Los carpetanos
Es un hecho suficientemente demostrado que los carpetanos tenían la costumbre de asentarse allí donde encontraban una elevación que dominara alguna corriente de agua. Esta les garantizaba su actividad agrícola y ganadera, y la altura les facilitaba la defensa de su asentamiento, ya que parece eran bastante belicosos, como parece demostrarlo su colaboración con Aníbal en la lucha contra los romanos o viceversa, según el poblado.

Los casos de Miralrío (Rivas-Vaciamadrid) la Dehesa de la Oliva (Patones) el Cerro de la Gavia (Vallecas) e incluso, los propios orígenes de Segóbriga, Alcalá de Henares o Toledo, parecen buenos ejemplos de la ocupación carpetana de cerros y altozanos regados por corrientes fluviales.

La consideración del enclave del Cerro de la Gavia la encuentro especialmente oportuna, por el hecho de que, al parecer[2], en un espolón situado en la parte más oriental, existía un murete, presuntamente defensivo, construido con bloques de pedernal (¡mire usted qué coincidencia!) [3]
Maqueta del Museo de Los Orígenes

Cerro de La Gavia









En Miralrío, el pedernal formaba parte del zócalo de las casas, sobre el que se elevaba la pared de adobe y la techumbre de madera o paja. Esta es una técnica constructiva muy difundida que necesariamente me recuerda al zócalo de la casa que originó en mí la tesis de la reutilización del pedernal de la muralla (Una casa desaparecida)

Ahora, lo que me parece oportuno es formular algunas consideraciones sobre la presunta evolución de estos poblados, inicialmente aislados y belicosos. La llegada de los romanos debió significar el abandono de muchos de ellos por el paso progresivo de los poblados aislados a unas concentraciones de población que optimizaran los servicios, de acuerdo con la nueva cultura hispano-romana. Varios de los enclaves mencionados, debieron pasar a un estado práctico de abandono, compatible con ocupaciones eventuales o para otros fines, como los enterramientos del Cerro de la Gavia, datados como hispano-visigóticos.

En otras ocasiones, se debió producir el crecimiento del asentamiento inicial por agrupación de varios de ellos y por la llegada y asimilación de las nuevas culturas que se instalaron sucesivamente en la península y, más en concreto en el centro de ella. Así ocurrió, por ejemplo, con Segóbriga, que se quedó en romana, pero no así con Alcalá o con Toledo, que sucesivamente fueron romanizadas, “visigotizadas”, arabizadas y “recristianizadas”, como así consta en sus riquísimos restos arqueológicos.

¿Y qué pasó con Madrid?
Ante esta pregunta, que es la que justifica esta entrada, me voy a permitir echar algo al vuelo la imaginación y a formular algunas hipótesis que entiendo son compatibles con lo establecido, hasta ahora, por los expertos estudiosos del amanecer de Madrid.

Que en el cerro de La Almudena hubo un asentamiento carpetano lo dice, no sólo la lógica histórica, sino también la realidad arqueológica, tal y como lo reconoce la propia Esther Andréu, en su conversación con Isabel Gea, recogida en La Gatera[4].

¿Hubo presencia romana en Madrid o nos “saltamos” esa etapa de la evolución histórica? La falta de restos evidentes parece abogar por esta segunda hipótesis…, aunque no me importaría que fuera cierta la existencia de una ermita hispano-romana dedicada a la Virgen, en las entrañas de mezquita musulmana (ver Santa María de La Almudena) ni tampoco le haría ascos a que fuera la Mantua Carpetana de las tablas toloméicas, tal y como la denominó Texeira en su Topographia de la Villa de Madrid, aunque esto no parezca muy verosímil. En cualquier caso, sí es cierto que la eventual presencia romana no fue significativa para la evolución de la Villa.

Sí lo fue, sin duda alguna, la presencia musulmana, bien fuera instalando sólo un hisn, como sostiene Esther Andréu con los datos de los que hasta ahora dispone, o bien fuera como castillo y medina, como se ha sido la creencia generalizada. De ahí en adelante, ya se sabe: toma de Alfonso VI; convivencia de las tres culturas (como en Toledo); crecimiento sostenido; llegada de los “Austrias”; y, un hecho singular que sólo afectó a esta villa, conversión de Madrid en la Capital de Las Españas, en 1561.

Conviene recordar (ver Encuadre cronológico) que en 1480 Madrid tenía unos 3.000 vecinos, que pasaron a ser 5.000 en 1546, para llegar a 25.000, sólo 16 años después, es decir, en 1570. Este crecimiento acelerado conllevó un gran esfuerzo de construcción, pero, ¡ay de mí!, otro no menor de destrucción, que debió llevarse por delante una gran cantidad de restos de las culturas anteriores. Aquello no debió ser una “burbuja inmobiliaria”, sino un auténtico “hongo atómico”.

Pues bien, con esa visión dinámica de la evolución de los asentamientos carpetanos que estoy proponiendo, se podría deducir que unos se quedaron “congelados” en los siglos I o II a.C. (La Gavia, Miralrío o La Oliva) otros lo hicieron tras la romanización (Segóbriga) y otros fueron arabizados, cristianizados y han llegado hasta nuestros días (Alcalá o Toledo) pero sólo uno pudo convertirse en la Capital de España: Madrid. Es esta visión dinámica la que invita a pensar que, partiendo de unas características básicas comunes (las de los asentamientos carpetanos) por razones que nunca podrán conocerse, unos interrumpieron su evolución muy tempranamente, mientras que otros siguieron adelante, y ello autoriza a pensar que cualquiera de aquellos asentamientos primitivos podría haber evolucionado hasta convertirse en un “Madrid alternativo”, tal como reza el título de esta entrada.

Vuelvo al origen
Termino volviendo a la controversia sobre el origen de Madrid y, para ello, me introduzco de hoz y coz en un berenjenal semántico y conceptual: ¿Qué es eso del "origen" de una ciudad? ¿Qué criterios deben utilizarse para determinar su “hora cero”?

Es claro que lo que hoy es Madrid ha estado habitado desde la edad del hierro, y desde antes, pero parece que esto no es suficiente para fijar ahí su origen, sino que se exigen el cumplimiento de ciertos criterios “históricos”

Afirman los cánones que la historia comenzó hace unos 7.000 años, con el inicio de la escritura en Sumer. Esto siempre me ha llenado de preguntas sin respuesta, puesto que a lo largo de los siglos, y aún ahora, han coexistido pueblos que se encuentran culturalmente en la prehistoria, con los más avanzados de cada momento. Los carpetanos se encontraban en la edad del hierro cuando Roma entró en España, por lo que aunque vivieran en Madrid ellos no “lo sabían”, como “no sabían” que eran carpetanos, hasta que los romanos les pusieron el nombre. ¡Seguro que ellos usaban algún nombre  para identificar el asentamiento…, pero como no sabían escribir!

Quienes sí le pusieron nombre a su castillo o medina, tanto me da, fueron los musulmanes, la llamaron Magerit (rica en agua) y por lo tanto fueron ellos los que incorporaron Madrid a la “historia”. Entiendo que esto me sitúa en el bando musulmán y no en el cristiano  de Esther Andréu. ¡Qué se le va a hacer!

Encuadre espacial

Siguiendo una lógica similar a la del Encuadre cronológico me ha parecido oportuno y útil incluir un gráfico en el que se identifica la ubicación de los edificios y otras aplicaciones en los que, presuntamente, se ha reutilizado el pedernal  de la muralla.

Sobre la imagen de Google Maps del centro de Madrid he situado los siguientes elementos.

  • El trazado de la Muralla Árabe (línea azul más clara)
  • El trazado de la Muralla Cristiana (línea azul)
  • Los Edificios Religiosos, en origen (en amarillo)
  • Los Palacios y Edificios Públicos (en verde)
  • Los Otros Usos Urbanos (en rojo)

También he incluido la presunta ubicación del Monasterio de Sta. Mª del Paso, en las cercanías del río (en naranja) trasladado, en su momento, al Prado para convertirse en San Jerónimo el Real.

Mis limitaciones informáticas no me han permitido compaginar los tamaños de la letra (legible) con el de la página del blog, pero estimo que el solape no impide al comprensión  de la imagen.




El pedernal: "arquetipo" madrileño

Cuando estaba confeccionando la entrada dedicada al Corralón y los presuntos restos de la Cerca de Felipe II, tuve una percepción sobre la motivación profunda del uso reiterado del pedernal en Madrid, que entiendo puedo y debo compartir con quienes tienen la gentileza de visitar este blog. 

Mi conclusión personal es que el pedernal forma parte de lo que me atrevo a llamar el "inconsciente colectivo" madrileño y que se convirtió durante siglos en el "arquetipo" de la seguridad, para los habitantes de Madrid. Me consta que cuando Jung desarrolló estos conceptos los refería al conjunto de la humanidad (o al menos al mundo occidental) y con carácter atemporal, pero estimo que es lícito utilizar dichos conceptos reduciendo el marco humano a los habitantes de Madrid, y el temporal, a unos  seis siglos.

¿Cómo he llegado a esta peregrina conclusión?, pues haciendo una lectura en diagonal de lo que ya llevo incorporado en el blog: 

-Todo empezaría cuando los carpetanos que se instalaron en el cerro del Alcázar utilizaron, como era habitual en ellos, el pedernal en el zócalo de sus casas y eventualmente en algún muro de carácter defensivo, porque conocían desde antiguo las nobles cualidades de este material.

-Podría continuar con sucesivos  refuerzos defensivos en tiempos de hispano-cristianos y visigodos, seguramente no muy importantes pero suficientes para dos hechos fundamentales en el devenir de Madrid: El primero, que el emplazamiento llamara la atención del emir Muhammad I  y decidiera que era adecuado para construir sobre él  una fortaleza (un hisn) con su medina; El segundo, que uno de sus lienzos fuera elegido por los cristianos para esconder la imagen de la Virgen, y dar así pie a la hermosa tradición de La Almudena. Es decir, que los cristianos madrileños, que aún no sabían que lo eran, y que impetrarían el auxilio de la Virgen ante la invasión musulmana, decidieron confiar a la muralla de pedernal la protección de su Protectora.

-Continuó, sin ningún genero de dudas, con la construcción de la muralla árabe que defendía la fortaleza, no sólo de los cristianos "reconquistadores", sino también de los "hermanos musulmanes" del reino de Toledo. Los cristianos, refugiados en el cerro de las Vistillas y en San Andrés, serían testigos de cómo la muralla de pedernal resistía, con gallardía y eficacia, los sucesivos ataques de unos y otros. 

-Cuando las huestes de Alfonso VI, con los segovianos en avanzadilla, penetraron en Magerit, tal vez por la Xagra, desplazaron a los musulmanes a las Vistillas y la Morería, mientras que ellos se acogieron al abrigo de la muralla, que no tardaron mucho en reforzar y ampliar, para abarcar nuevas áreas urbanas. Instalados allí pudieron comprobar las virtudes del pedernal al soportar los sucesivos cercos de Aben Yusuf.

Y ahí estaban, los ya madrileños de los siglos XIII y XIV, tan orgullosos de su muralla y su pedernal, que decidieron utilizarlo como "insignia y blasón", junto con la abundante y purísima agua de sus numerosos manantiales y fuentes.


Me resulta fácil imaginármelos asomándose  a las "vistas de San Francisco" para contemplar un paisaje como el que magníficamente recreó Pierre Schild, mediado el siglo XX (me encanta el detalle de los dos frailes franciscanos asomados a la Cuesta de los Ciegos)

Estarían tan ufanos con su muralla como hoy lo están, justamente, los abulenses, los lucenses o los toledanos. 

Para cuando cesaron las guerras con musulmanes y con otros cristianos (recordemos a Isabel y a la Beltraneja) y la muralla perdió su función defensiva, los habitantes de lo que luego ha venido a ser Madrid llevaban no menos de seiscientos años pasando de padres a hijos, de generación en generación, la idea de que el pedernal era el símbolo de la seguridad; seiscientos años hablando en los púlpitos y en la calle, de la Virgen de la Almudena (a los efectos de la tesis que propongo poco importa lo que haya en ello de leyenda, ya que lo importante es lo que creyera el pueblo); seiscientos años (o así) presumiendo de los muros de fuego; etc. Con todo ello, ¿resulta muy fantasioso presuponer que se creó un inconsciente colectivo en el pueblo madrileño, que  identificó al pedernal como su arquetipo de seguridad?
  
Con estos antecedentes, cuando Madrid hubo de expandirse para arrostrar sus nuevas responsabilidades como capital de las españas, sus mandatarios tuvieron que hacer frente a dos tareas: por un lado, de derribar la muralla que estorbaba y, por otro, autorizar e impulsar la construcción de nuevos edificios, palacios, iglesias, conventos, etc..., y ahí es cuando surge la necesidad y conveniencia de proceder al reciclado del pedernal que satisfacía simultáneamente dos objetivos: uno, utilizar un material noble que estaba a mano y, otro, incorporar a las principales fachadas de toda la ciudad (de entonces) una nota de nobleza y seguridad, que materializaba el arquetipo madrileño, configurado colectivamente en los siglos anteriores.

Claro está, donde la incorporación del pedernal salvador es paradigmática es en las cercas, herederas naturales de la muralla, y de ahí que, como dije al principio, al hablar de la presunta Cerca de Felipe II, saltara la correspondiente tecla en mi cabeza.

Si todo lo dicho es así, aquel que visite el "Madrid de los Austrias" y contemple con agrado los edificios con "el popular ladrillo y el señorial granito (pedernal) de la sillería, ambos coronados por la majestad real de la pizarra" (como decía D'Ors) si tiene un fino oído, y alguna sensibilidad, podrá percibir que el pedernal le está diciendo: 


"puedes estar tranquilo; estás seguro bajo mi protección"