viernes, 7 de junio de 2013

Madrid y sus otras alternativas

El origen
La controversia sobre el origen de Madrid está abierta, casi desde el establecimiento de la Corte en esta ciudad, ya que los exégetas aduladores de la Corona (pelotas, diríamos hoy) se vieron en la obligación de ennoblecer ese origen para compararlo, de hecho alguno lo hizo, con el de ciudades como Roma.

En general, el debate se circunscribe al ámbito de los especialistas (arqueólogos, historiadores, paleontólogos, antropólogos y otros diversos “ólogos”) aunque de vez en cuando alcanza círculos más amplios, como sucedió en febrero del 2011, a raíz de la publicación en El País del artículo de Charo Nogueira titulado: “La historia de Madrid da un vuelco[1]

En el artículo se daba cuenta de las conclusiones extraídas por la arqueóloga Esther Andréu, tras varios años de trabajo en las excavaciones realizadas en la zona de la Plaza de La Armería y la Catedral para instalar allí el Museo de las Colecciones Reales, y que pusieron al descubierto, entre otras cosas, lienzos de muralla, casas, calles, cerámicas… y hasta al desventurado Valentín.

Para Andréu, la población de Madrid no debió producirse hasta el siglo XII, ya bajo la dominación cristiana, y se basa en el hecho de no haber encontrado viviendas musulmanas de años anteriores, junto a las instalaciones militares propias de una fortaleza (un hisn) Muchos amantes y estudiosos de Madrid se echaron las manos a la cabeza al sentir que se tambaleaban los dogmas admitidos hasta la fecha, es decir: que Madrid fue fundada por los musulmanes, y muy en concreto por Muhammad I, en el siglo IX.

Y ahí tenemos a los entrañables “madrileñófilos” divididos entre la hipótesis musulmana y la hipótesis cristiana, con el mismo entusiasmo con el que se han enfrentado a lo largo de los años, los partidarios de Joselito a los de Belmonte, los de Conchita Piquer a los de Juanita Reina o los del Madrid a los del Atleti. Yo, que soy partidario de Joselito, Dª Concha y el Madrid, me veo obligado a  “participar” en la polémica desde mi condición de hijo amantísimo de Madrid y libre de las trabas que el rigor exige a los expertos que lideran el debate central.

Los carpetanos
Es un hecho suficientemente demostrado que los carpetanos tenían la costumbre de asentarse allí donde encontraban una elevación que dominara alguna corriente de agua. Esta les garantizaba su actividad agrícola y ganadera, y la altura les facilitaba la defensa de su asentamiento, ya que parece eran bastante belicosos, como parece demostrarlo su colaboración con Aníbal en la lucha contra los romanos o viceversa, según el poblado.

Los casos de Miralrío (Rivas-Vaciamadrid) la Dehesa de la Oliva (Patones) el Cerro de la Gavia (Vallecas) e incluso, los propios orígenes de Segóbriga, Alcalá de Henares o Toledo, parecen buenos ejemplos de la ocupación carpetana de cerros y altozanos regados por corrientes fluviales.

La consideración del enclave del Cerro de la Gavia la encuentro especialmente oportuna, por el hecho de que, al parecer[2], en un espolón situado en la parte más oriental, existía un murete, presuntamente defensivo, construido con bloques de pedernalmire usted qué coincidencia!) [3]
Maqueta del Museo de Los Orígenes

Cerro de La Gavia









En Miralrío, el pedernal formaba parte del zócalo de las casas, sobre el que se elevaba la pared de adobe y la techumbre de madera o paja. Esta es una técnica constructiva muy difundida que necesariamente me recuerda al zócalo de la casa que originó en mí la tesis de la reutilización del pedernal de la muralla (Una casa desaparecida)

Ahora, lo que me parece oportuno es formular algunas consideraciones sobre la presunta evolución de estos poblados, inicialmente aislados y belicosos. La llegada de los romanos debió significar el abandono de muchos de ellos por el paso progresivo de los poblados aislados a unas concentraciones de población que optimizaran los servicios, de acuerdo con la nueva cultura hispano-romana. Varios de los enclaves mencionados, debieron pasar a un estado práctico de abandono, compatible con ocupaciones eventuales o para otros fines, como los enterramientos del Cerro de la Gavia, datados como hispano-visigóticos.

En otras ocasiones, se debió producir el crecimiento del asentamiento inicial por agrupación de varios de ellos y por la llegada y asimilación de las nuevas culturas que se instalaron sucesivamente en la península y, más en concreto en el centro de ella. Así ocurrió, por ejemplo, con Segóbriga, que se quedó en romana, pero no así con Alcalá o con Toledo, que sucesivamente fueron romanizadas, “visigotizadas”, arabizadas y “recristianizadas”, como así consta en sus riquísimos restos arqueológicos.

¿Y qué pasó con Madrid?
Ante esta pregunta, que es la que justifica esta entrada, me voy a permitir echar algo al vuelo la imaginación y a formular algunas hipótesis que entiendo son compatibles con lo establecido, hasta ahora, por los expertos estudiosos del amanecer de Madrid.

Que en el cerro de La Almudena hubo un asentamiento carpetano lo dice, no sólo la lógica histórica, sino también la realidad arqueológica, tal y como lo reconoce la propia Esther Andréu, en su conversación con Isabel Gea, recogida en La Gatera[4].

¿Hubo presencia romana en Madrid o nos “saltamos” esa etapa de la evolución histórica? La falta de restos evidentes parece abogar por esta segunda hipótesis…, aunque no me importaría que fuera cierta la existencia de una ermita hispano-romana dedicada a la Virgen, en las entrañas de mezquita musulmana (ver Santa María de La Almudena) ni tampoco le haría ascos a que fuera la Mantua Carpetana de las tablas toloméicas, tal y como la denominó Texeira en su Topographia de la Villa de Madrid, aunque esto no parezca muy verosímil. En cualquier caso, sí es cierto que la eventual presencia romana no fue significativa para la evolución de la Villa.

Sí lo fue, sin duda alguna, la presencia musulmana, bien fuera instalando sólo un hisn, como sostiene Esther Andréu con los datos de los que hasta ahora dispone, o bien fuera como castillo y medina, como se ha sido la creencia generalizada. De ahí en adelante, ya se sabe: toma de Alfonso VI; convivencia de las tres culturas (como en Toledo); crecimiento sostenido; llegada de los “Austrias”; y, un hecho singular que sólo afectó a esta villa, conversión de Madrid en la Capital de Las Españas, en 1561.

Conviene recordar (ver Encuadre cronológico) que en 1480 Madrid tenía unos 3.000 vecinos, que pasaron a ser 5.000 en 1546, para llegar a 25.000, sólo 16 años después, es decir, en 1570. Este crecimiento acelerado conllevó un gran esfuerzo de construcción, pero, ¡ay de mí!, otro no menor de destrucción, que debió llevarse por delante una gran cantidad de restos de las culturas anteriores. Aquello no debió ser una “burbuja inmobiliaria”, sino un auténtico “hongo atómico”.

Pues bien, con esa visión dinámica de la evolución de los asentamientos carpetanos que estoy proponiendo, se podría deducir que unos se quedaron “congelados” en los siglos I o II a.C. (La Gavia, Miralrío o La Oliva) otros lo hicieron tras la romanización (Segóbriga) y otros fueron arabizados, cristianizados y han llegado hasta nuestros días (Alcalá o Toledo) pero sólo uno pudo convertirse en la Capital de España: Madrid. Es esta visión dinámica la que invita a pensar que, partiendo de unas características básicas comunes (las de los asentamientos carpetanos) por razones que nunca podrán conocerse, unos interrumpieron su evolución muy tempranamente, mientras que otros siguieron adelante, y ello autoriza a pensar que cualquiera de aquellos asentamientos primitivos podría haber evolucionado hasta convertirse en un “Madrid alternativo”, tal como reza el título de esta entrada.

Vuelvo al origen
Termino volviendo a la controversia sobre el origen de Madrid y, para ello, me introduzco de hoz y coz en un berenjenal semántico y conceptual: ¿Qué es eso del "origen" de una ciudad? ¿Qué criterios deben utilizarse para determinar su “hora cero”?

Es claro que lo que hoy es Madrid ha estado habitado desde la edad del hierro, y desde antes, pero parece que esto no es suficiente para fijar ahí su origen, sino que se exigen el cumplimiento de ciertos criterios “históricos”

Afirman los cánones que la historia comenzó hace unos 7.000 años, con el inicio de la escritura en Sumer. Esto siempre me ha llenado de preguntas sin respuesta, puesto que a lo largo de los siglos, y aún ahora, han coexistido pueblos que se encuentran culturalmente en la prehistoria, con los más avanzados de cada momento. Los carpetanos se encontraban en la edad del hierro cuando Roma entró en España, por lo que aunque vivieran en Madrid ellos no “lo sabían”, como “no sabían” que eran carpetanos, hasta que los romanos les pusieron el nombre. ¡Seguro que ellos usaban algún nombre  para identificar el asentamiento…, pero como no sabían escribir!

Quienes sí le pusieron nombre a su castillo o medina, tanto me da, fueron los musulmanes, la llamaron Magerit (rica en agua) y por lo tanto fueron ellos los que incorporaron Madrid a la “historia”. Entiendo que esto me sitúa en el bando musulmán y no en el cristiano  de Esther Andréu. ¡Qué se le va a hacer!