viernes, 30 de diciembre de 2016

El Huerto de las monjas..., y algo más.

Confieso que hasta hace unos pocos días no había tenido conocimiento de la existencia del Huerto de las monjas, pese a haber pasado mis primeros 75 años de vida a menos de 600 metros de distancia, y pese a transitar por la calle del Sacramento al menos una vez por semana. Sólo puedo alegar en mi descargo que el mal llamado huerto sólo debe llevar abierto a madrileños y visitantes unos 20 años, como mucho…

Lo cierto es que tras saber de su existencia conté las horas para ir a conocerlo y tuve que esperar al primer día laborable, en medio de las festividades navideñas, para recorrer esos 600 metros que me separan de él, y entrar con mucha curiosidad y cierta emoción en su privilegiado recinto.

Acceso desde la calle del Rollo
Vista desde el oeste
Para entonces ya había leído cuanta información pude hallar en mis libros y en la red, encontrando no pocas cosas curiosas y alguna que otra contradicción e inexactitud, como es habitual. En sitios como Viendo Madrid, Arte en Madrid, Rutas Pangea o La Gatera de la Villa, por ejemplo, pude encontrar una rica información sobre las peripecias históricas del “huerto” vinculado al convento que en el XVII fundó el Duque de Uceda, para ser habitado por las religiosas descalzas de san Bernardo, es decir, por las monjas Bernardas. Por cierto, en otro sitio web, ignoro si por errata o por error, en lugar de monjas cistercienses, habla de monjas circenses, lo que me lleva a imaginarme a un grupo de whoopi goldbergs, vestidas de monjas, haciendo volatines y malabares.

Recuerdo bien la fachada del Convento, puesto que fue derribado en 1972, como recuerdo que nuestra hija menor tuvo una compañera de cole que vivía en las casas que se construyeron en el solar del convento, y nos decía que tenían unos jardines interiores preciosos, que nosotros creímos eran fruto del poder adquisitivo de los nuevos dueños.

Farola que estuvo
en la Puerta del Sol
Fuente de la Priora
Lo cierto es que algunas de las lecturas iniciales me habían llevado a creer que el “huerto” era un relicto del huerto primigenio de las monjas, lo que aumentaba notablemente mis expectativas. La visita y lecturas más finas y minuciosas me llevaron a saber que en realidad se trata de un Jardín creado por el arquitecto Joaquín Roldán Pascual, rehabilitador del Palacio de O’Reilly (o de Lezcano), que tuvo el acierto de recrear un jardín romántico en el espacio donde estuvo el antiguo huerto,  reproduciendo el trazado original y conservando algunos de los árboles preexistentes. Como el encargo era municipal, tuvo ocasión, y la aprovechó a las mil maravillas, de recuperar de los almacenes públicos una farola de la Puerta del Sol y la Fuente de la Priora, propiedad de los duques de Montellano, que la instalaron primero en su finca de Cuerva (Toledo) y  luego  en su palacio de la Castellana.

Esta falta de “originalidad”, que rebajó mis expectativas iniciales, no resta ni un ápice el valor actual de este milagroso brigadoom madrileño, que ya he incorporado a mi selecto grupo de rincones de Madrid. Loados sean el Ayuntamiento, por no ocupar tan goloso y apetecible espacio, y Joaquín Roldán, por su paciente y cuidadosa rehabilitación.
Cubierta, cúpula y torre

Minihuerto "municipal"
Desde su interior, por encima de la valla sur, a cuya espalda está adosada la Fuente de Diana Cazadora, se puede contemplar la conjunción de la cubierta de la Capilla del Obispo, la vieja torre de san Andrés y la cúpula de la capilla de san Isidro, que forman un tríptico de profundo sabor madrileño.

Lo único que lamento es que Roldán no dedicara alguno de los parterres al cultivo de zanahorias, tomates o judías verdes, por ejemplo, para justificar plenamente el nombre de Huerto. Alguien debió pensar lo mismo, y en el macizo de entrada por la calle del Rollo ha plantado algo que, como no parece ornamental, deduzco que es alimenticio. Como supongo que ese alguien es un empleado municipal, no quiero ni pensar en las fatigas que habrá de pasar si los compañeros le exigen compartir la cosecha. Necesitará el famoso milagro multiplicativo.


Muro este
Muro este, base del Torreón
Abajo tipo mixto y encima, tipo austria 
Pero…, lo que no esperaba es lo me encontré: Al acceder por la calle del Rollo, en la pared de la izquierda me tropecé ya con el aparejo toledano y mi pedernal, pero es que al penetrar en el jardín los ojos se me fueron a la pared orientada al oeste que está ocupada por un torreón en cuya base coexisten el tipo Austria y el tipomixto, mientras que la parte superior sólo está integrada por el popular ladrillo (que diría don Eugenio)

Plano de Texeira
Plano de Espinosa
Visión actual
Ante tamaña sorpresa, hube de volver a buscar antecedentes y consecuentes en la bibliografía. La información, como siempre, deja flecos sueltos aquí y allá; para empezar, la imagen del siempre fiable Texeira deja no pocas dudas. Sitúa el convento, con su propia iglesia, su claustro y su patio interior, donde hoy está el palacio de O´Reilley y a su izquierda, separada por una calle (tal vez la de la Parra) que no aparece en ningún otro plano, una extraña manzana en la que hoy está la Iglesia Castrense. Me resisto a pensar que don Pedro errara en una zona tan especial como era la señorial calle de Sª María. Como se puede comprobar, el trazado del lado este, que linda con la calle del Orno, actualmente del Rollo, es el mismo del plano de Espinosa de los Monteros y el actual.
Paredes del Torreón

Entre los años 1671 y 1744 se construyó la iglesia del Sacramento y a su derecha entiendo que se construyó un nuevo convento, al que se trasladarían las monjas bernardas a mediados del siglo XVIII.

Este nuevo convento, que de ninguna forma puede ser el designado como LI en el plano de Texeira, edificado en 1616, sería en el que se construiría el huerto-jardín que nos ocupa, tal como puede verse en el plano de Espinosa de 1796.


En 1725, debió ser la familia Uceda la que encargó al arquitecto Pedro Hernández la construcción del edificio que ahora conocemos como palacio de O´Reilly, para residencia ampliada o remozada de las monjas. En 1830 la propiedad pasó a manos de la familia Lezcano y, posteriormente, tuvo diversos usos, entre los que recuerdo a la ONCE, hasta que en 1980 pasó a propiedad municipal y Joaquín Roldán realizó una magnífica rehabilitación, recreando el huerto-jardín y conservando, como debió hacer Pedro Hernández en su momento, las paredes oeste y norte del torreón que tienen en su base el aparejo toledano, receptor del pedernal de la muralla.