jueves, 11 de septiembre de 2014

Tipología del uso del pedernal

Cuando se pasa revista visual a las distintas estructuras en las que los madrileños han ubicado el pedernal en sus iglesias, conventos, palacios, casas u otros usos urbanos, se puede observar una aparente gran variedad de combinaciones del pedernal y del ladrillo, variedad que se ha ido incrementando con el paso del tiempo y las sucesivas reformas (mejoras y peoras) que los responsables han ido introduciendo según han creído oportuno en cada momento.
No obstante, tras darle unas cuantas vueltas al asunto, entiendo que toda esa aparente variedad se puede reducir a dos únicos tipos de uso: el carpetano (con una ligera variante que permitiría hablar de un tipo mixto) y el austria.
El que llamo tipo carpetano, no es otro que el continuador del uso que del pedernal hizo el pueblo carpetano durante siglos, es decir, utilizar el pedernal como mamposta para construir las zapatas y los zócalos de las edificaciones que les proporcionaba estabilidad y les garantizaba el aislamiento térmico y les resguardaba de las humedades.
Se trata, pues, de un uso básicamente estructural, en el que el pedernal aparece sólo, acompañado de un material de relleno que asegura su trabazón. Las principales diferencias entre unos y otros casos se deben, precisamente, al volumen de ese material de ligazón y, en general, son fruto de las sucesivas operaciones de rehabilitación bienintencionada.
Sin tratar de ser exhaustivo, el tipo carpetano puede apreciarse en reciclados tan notables como: San Nicolás (fachada de la calle del Biombo); Casa de Juan de Ciriza; Palacio del Marquésde Camarasa (fachada de la calle de Segovia); Palacio de la Vera; casas de la parte inferior de la Costanilla de San Andrés y de la calle del Toro y, desde luego; esa casa “desaparecida” de la Travesía de las Vistillas que está en el origen de mis elucubraciones.
En cuanto a los efectos de las “restauraciones”, no hay mejor ejemplo que el de la fachada oeste de la Capilla del Obispo; la comparación del antes y el después pone de manifiesto que el restaurador decidió, en su momento que la “llaga es bella” y la recreció hasta que casi no permite ver el pedernal.
El pedernal carpetano del nº 6 de la costanilla de San Andrés ha sido cubierto en septiembre de 2014 en ese continuo vaivén que es la rehabilitación de edificios. Sepamos los amantes de Madrid que ahí debajo está el pedernal.
No parece lógico terminar la descripción del tipo carpetano sin recordar su aplicación estelar en la muralla de Madrid, ya sea en su versión árabe o en la cristiana. 
El lienzo conservado en el Palacio del Marqués de Villafranca que ahora alberga la Real Academia de Ingeniería, muestra el pedernal rodeado del material aglomerante.
El segundo tipo, que he denominado tipo mixto, es una variación sencilla del carpetano, del que sólo se diferencia por incorporar una verdugada, simple o doble, de ladrillo cocido lo que supone una transición sencilla hacia el tipo austria lo que justifica lo de “mixto”, y que se destina, en varios casos, a usos funcionales.
De nuevo las diferencias entre unas y otras aplicaciones de este tipo mixto se basan en la las características del cemento de unión del pedernal y, ahora, del número de verdugadas de ladrillo y de la llaga de esas verdugadas.
Son ejemplos de este tipo: la fachada norte de San Pedro, sobre la calle Segovia con una única verdugada; la Torre de los Lujanes en especial la fachada de la calle del Codo; la tapia de los jardines Príncipe de Anglona, al final de la costanilla de San Andrés o; los calabozos de la Cárcel de la Corona, que por cierto guardan cierto parecido con los conductos subterráneos de la Cuesta de los Ciegos.
Llegamos así al tipo austria, que es el que focaliza la atención del reciclado del pedernal; el prototipo. No es otra cosa que la transformación del uso estructural del pedernal en el tipo carpetano, en un uso ornamental, con un paso intermedio de carácter funcional, en el tipo mixto.
El pedernal se incorpora a las fachadas para que el pueblo madrileño se sienta “seguro” bajo este arquetipo de protección. Los arquitectos lo alojaron en cuarteles, con un material aglomerante, y los cuarteles los enmarcaron con ladrillo cocido, dando lugar al estilo Austria, que está complementado con los tejados de pizarra, para hacer que Don Eugenio D’Ors pudiera describirlo con tanto cariño y acierto, dejando al margen su error petrográfico al identificar las mampostas con granito.
Los ejemplos de este tipo austria son tan numerosos que basta con citar algunos de ellos: el ábside de la Capilla del Obispo; San Nicolás; San Ginés; el Carmen; la Encarnación; las Descalzas; los Jerónimos; la Casa de Cisneros; las Siete Chimeneas; la Casilla; las Cercas; etc.
Las combinaciones de estos elementos básicos (los cuarteles de pedernal y el ladrillo circundante) son numerosas en origen y aún más con las sucesivas restauraciones.
Como norma general, la longitud y anchura de los cuarteles se adaptan a las dimensiones de la fachada en la que se ubican, pero siempre se alternan en vertical dos longitudes distintas. En estos cuarteles, el pedernal puede lucir con todo su volumen (ver San Nicolás) o estar hundido en el aglomerante (ver la Casilla) e incluso minimizado por una llaga de separación (ver las Descalzas)
En la mayoría de los casos, los cuarteles de pedernal aparecen hundidos o al mismo nivel que el ladrillo, aunque hay algunos casos en los que sobresale de forma evidente como sucede en la reconstrucción de la Cerca de Felipe IV y en los restos reales de la calle Toledo 70, en el Corralón, o en la fachada del Museo de los Orígenes.
En cuanto al ladrillo, la primera variedad es el número de verdugadas que separan los cuarteles, que en general son dos, pero no faltan ejemplo de una sola (ver las Descalzas)
La segunda, y gran diferencia visual, es la naturaleza de la llaga. Parece lógico pensar que, en principio, la llaga estuviera hundida (por eso se la llama “llaga”) pero en las distintas restauraciones algunos responsables optaron por rellenarlas o blanquearlas. Quizás el caso más extremo es el del Colegio de la Asunción (en origen la Casilla de Antonio Pérez) en donde la llaga ha pasado a “listón” blanco.
En cualquier caso, sea cual sea la longitud de los cuarteles, el volumen relativo del pedernal y su aglomerante, el número de verdugadas de ladrillo cocido o el volumen y color de la llaga que lo separa, el tipo Austria es un conjunto de enorme plasticidad con el que cualquier madrileño, de origen o adoptado, se debe sentir identificado y protegido.